viernes, 7 de enero de 2022

Cambio de planes

Hace unos días, "propuse" una encuesta en una conocida red social en la que planteaba si a los 44 años se era mayor para cambiar de trabajo.

Si bien es cierto que, según lo esperado, no hubo excesiva participación, el resultado fue un rotundo NO. 

Sin embargo, a raíz de varias charlas con personas de confianza y de alguna que otra lectura que "casualmente" ha caído en mis manos, llevo días dándole vueltas a ciertas cuestiones relacionadas con todo esto...

Me sorprende el ver cómo cuando un amigo, familiar o persona cercana nos comenta que no se siente bien con su pareja, que esta le hace daño o, simplemente, que ya no funciona, no tenemos ningún reparo en aconsejarle que la deje, que se separe de ella, que no permita que la dañen, etc.; pero, ¿qué pasa si lo que hace daño o no funciona es un trabajo? Seguro que a todos se nos llena la boca diciendo que la respuesta sería exactamente la misma y, sin embargo, sé de primera mano que eso no es cierto. 

Tal vez el vivir en una sociedad capitalista nos haga sentir que necesitamos ese puesto, ese sueldo, para pagar un alquiler, unos gastos y tener una vida medianamente cómoda y digna. Y seguro que es cierto. Tal vez no esté bien visto en un currículum que se haya trabajado en muchas empresas. Tal vez sea miedo. O tal vez, simplemente, es que no es lícito ni adulto cambiar de planes y cerrar etapas...

Vuelvo a repetir que no lo sé. Pero lo que sí sé es que, cuando ya has vivido media vida y te planteas cambiarla, pocas son las personas que te apoyan, te animan a hacerlo o te dan una oportunidad. Y, no, no estoy hablando de dejar todo de la noche a la mañana con, como vulgarmente se dice, "una mano delante y otra detrás" - que, dicho sea de paso, me parece estupendo para aquellos que sean lo suficientemente valientes como para hacerlo -, no. Hablo de luchar por lo que se quiere, hablo de tener el coraje de admitir que lo que tienes ya no te llena y no te resulta suficiente, hablo de sentir que ya has dado todo lo que podías y que ahora quieres enfocar tu ayuda hacia otros lados y personas...

Igual simplemente es cuestión de pragmatismo; a lo mejor es que creo demasiado en que se debe hacer lo que realmente sale de dentro para que de verdad llegue a los demás y se pueda llevar a cabo una labor valiosa. Tal vez solo son pensamientos lunáticos de las cuatro de la mañana. O solo es que me considero con derecho a sentirme feliz y orgullosa lo que me resta de vida. Ni idea. Y tampoco me importa porque sé que, con el pequeño apoyo que tengo y las grandes ilusiones que me palpitan, seguiré luchando por ello.

¿Demasiado emocional? Puede ser. Pero, eso sí, desde hace tiempo, con los pies en el suelo. Porque ya hace años, alguien que sabe mucho de esto me enseñó que, para que los sueños se cumplan, se ha de tener "la cabeza en las nubes y los pies en la tierra". Si no, te caes. Es un concepto básico de la Física...

jueves, 4 de noviembre de 2021

Eso es la vida

Años sin escribir en el blog y, sin embargo, con un montón de cosas que decir. 

Me paro a pensar y muchas de las personas que estaban a mi lado cuando lo creé ya ni siquiera sé por dónde andarán. Ahora, hay otras nuevas a mi lado. Porque, nos guste o no, la vida es eso: gente que sube y baja de nuestro tren, personas que permanecen durante todo el viaje y otras a las que nosotros mismos abrimos la puerta para que no continúen en él. 

Y está bien que así sea. Porque eso es vivir. Porque eso significa que crecemos. Porque eso significa que VIVIMOS. 

Y, por todo ello, hoy me siento agradecida de esas personas que en algún momento compartieron un trayecto, por mínimo que fuera, conmigo. De esas que no se han bajado y de aquellas que acaban de subir. 

Me siento agradecida porque todas ellas hacen que mi vida sea la que es y que yo haya llegado a ser quien soy. 

GRACIAS

sábado, 28 de abril de 2018

Creatividad y emociones: más allá del lenguaje.

Desde bien pequeña me han dicho que no callaba… ¡Incluso recuerdo que uno de mis familiares me comentó que debería ser locutora de radio porque “retransmitía todo lo que iba haciendo"! 

Sin embargo, aquello que contaba no era más que todas esas cosas que me habían sucedido en el cole o que realizaba en ese momento, pero, cuando se trataba de expresar lo que sentía, ya era muy distinto.  Para esas situaciones, prefería escribir o dibujar.

Con la llegada de la adolescencia todo aquello se complicó un poco… Seguía contando mis cosas, pero cada vez me costaba más; y en lo que se refería a expresar… ¡eso ya sí que era otro tema! Mis lápices, mis papeles, mis estilográficas… eran mis compañeros de desahogo.

Desde entonces han pasado bastante años y, digamos que “casualidades” de la vida, me dedico a trabajar con adolescentes. Y yo me pregunto: ¿ha cambiado algo en lo que a expresar emociones se refiere? Se habla mucho de Inteligencia Emocional, pero, ¿realmente les ayudamos a ponerla en práctica?, ¿y si les enseñáramos que, mediante la creatividad, podrían llegar a entender mejor lo que sienten y, por ende, a conocerse a sí mismos? ¿Y si les diéramos témperas, muñecos, colores, plastilina, papel…, les dejáramos bailar a su aire, caminar en función de lo que sienten, relacionarse…? Tal vez ayudaría, ¿no?

Pues todo esto es lo que hicieron ocho adolescentes en Sincronía. Psicología Elena Guerrero la mañana del pasado sábado 14 de abril. Una gran experiencia de la que se llevaron algunas pequeñas (o grandes) experiencias, reflexiones, diversión y por supuesto… ¡Emociones!

Esperamos que, dentro de poco, se pueda repetir. 

Gracias a Elena Guerrero y a Julia Orallo y, por supuesto, a todos los que participasteis, ya que sin vosotros nada de esto hubiera sido posible.





miércoles, 17 de febrero de 2016

Vuelta a la adolescencia

Hoy, por unas horas, he vuelto a sentirme adolescente...

No, no me he ido de "botellón" ni he pasado la mañana haciéndome "selfies"; simplemente, he tenido la suerte de compartir unas convivencia con dieciséis de mis alumnos.

Por motivos obvios, no hablaré aquí de todo lo que se ha vivido en esa sala, de las cosas que se han dicho ni de las dinámicas que se han hecho; pero sí quiero hacerlo de lo que yo he sentido. Y es que esos chicos me han demostrado, una vez más, que los adolescentes no son solo un montón de hormonas revolucionadas. Ellos me han hecho llorar, reír, enternecerme; me han hecho ver la capacidad de comprensión y empatía con la que cuentan, la creatividad e intuición que poseen. 

Con ellos, he recordado la importancia de expresar los sentimientos y lo mucho que vale el abrazo de un amigo en un momento determinado.

Gracias a ellos, he comprobado que, tanto a su edad como a la mía, seguimos teniendo esa inocencia que nos otorga el maravilloso "poder" de sorprendernos. He re-aprendido el gran error que estriba en poner etiquetas y dejarnos guiar por las apariencias...

Dejemos de pensar que solo les importan los videojuegos o los teléfonos móviles de última generación. Dejemos de pensar en ellos como chavales de 15 años con problemas "ridículos", "rebeldes sin causa" y sin preocupaciones ni ambiciones en la vida. Porque son mucho más que eso. 

Tal vez deberíamos plantearnos si muchos adultos no deberíamos aprender algo de ellos...


sábado, 9 de enero de 2016

"Trastorno tabú"

Cada día me sorprende más, y me disgusta, todo sea dicho de paso, cómo el término "depresión" se emplea de manera frívola y banal, llegando incluso a utilizar su acortamiento en momentos nada adecuados. Y, aunque sé que no se hace "de mala fe", considero que es algo lo suficientemente serio como para tratarlo con la importancia que merece. Es más, yo, que soy poco amiga de las estadísticas, esta vez me veo obligada a recurrir a ellas:

Según estudios de la Organización Mundial de la Salud (OMS), este trastorno mental afecta a más de 350 millones de personas en el mundo, vaticinando que, en el año 2020, "será la segunda causa de incapacidad, solo detrás de enfermedades como los infartos, insuficiencia coronaria o accidentes cerebrovasculares."

Por otro lado, también me resulta llamativo el hecho de que, en los últimos años, numerosos personajes públicos de nuestra sociedad acudan a los medios de comunicación reconociendo que ellos mismos han sufrido - o sufren - este tipo de trastorno.

Sin embargo, yo me pregunto: ¿qué sucede cuando el que lo padece es una persona "de a pie" y no alguien conocido? Vistas las estadísticas antes mencionadas, me aventuraré a afirmar que, lo sepamos o no, es probable que en nuestro entorno más cercano exista alguien sufriendo por ello.  No faltará a trabajar, y, si lo hace, es probable que alegue que el motivo es otro, hablará poco de sí mismo, evitará relacionarse y tener conversaciones sobre temas personales y, en el caso de que no le quede más remedio, simplemente dirá que "está pasando por una mala época". Y es que, ¿acaso hay tanta diferencia social entre pasar una gripe y una depresión?, ¿no son ambas enfermedades?; entonces, ¿por qué tenemos que ocultarlo? 

Tal vez, alguien que lea esto me contestará que no hay porqué hacerlo. No, no debería ser así, pero, a esas personas, las invito a que lo hagan y prueben a ver qué ocurre con su puesto de trabajo, su entorno laboral e incluso, en ocasiones, social y familiar.

No pretendo ponerme pesada ni incisiva, pero, sinceramente, no lo entiendo. Se supone que nuestra sociedad ha evolucionado - y quiero pensar que lo ha hecho...- y, sin embargo, seguimos tratando determinadas enfermedades como  algo tabú, como trastornos que es mejor ocultar...

¿Hipocresía? ¿Miedo? ¿Desconocimiento? No lo sé, pero me parece que ya va siendo hora de que cambien las cosas. 

miércoles, 23 de diciembre de 2015

Solo es una decisión

En algún momento, todos nos perdemos. Al menos, todos los que nos buscamos. Y, a diferencia de lo que siempre he oído por ahí, no creo que levantarse sea suficiente - de hecho, creo que ni siquiera es necesario; siempre se puede avanzar a gatas o incluso arrastrándose...- ; no, lo realmente importe es no cesar en nuestro empeño de buscar. Porque, a pesar de lo que hayas vivido o de la edad que tengas, siempre hay tiempo para encontrar. Y solo - y digo "solo" a sabiendas de que es una ardua tarea- se necesita escuchar a tu corazón, a ese "yo esencial" que habita en lo más profundo de ti y que llega un momento en la vida en el que, de una manera u otra, te pide a gritos que le hagas caso, que le tengas en cuenta.

Ahora, mientras escribo esto, me resulta inevitable recordar aquel fragmento de Susanna Tamaro que dice " (...) Y luego, cuando ante ti se abran muchos caminos y no sepas cuál recorrer, no te metas en uno cualquiera al azar: siéntate y aguarda. Respira con la confiada profundidad con que respiraste el día en que viniste al mundo, sin permitir que nada te distraiga: aguarda y aguarda más aun. Quédate quieta, en silencio, y escucha a tu corazón. Y cuando te hable, levántate y ve donde él te lleve"; sin embargo, en los últimos meses, he comprendido que no es necesario encontrarse en una encrucijada para sentarse, respirar y escuchar. Me he dado cuenta de que, si lo haces día a día, poco a poco comprenderás que ese "yo profundo" te habla y te guía, y que solo así serás capaz de saber quién eres, de descubrir qué buscas, de sorprenderte cada día ante cosas nuevas con la misma inocencia con que lo haría un niño, de sentir la paz en tu interior, de hacer que el amor sea el motor de tus acciones...

Aún así, siempre queda la opción de taparse los oídos, de cerrar los ojos y continuar en lo ya conocido...

Todo es válido. Solo es una decisión. 

martes, 21 de octubre de 2014

Cerrando etapas

Supongo que, por mis propias experiencias, he aprendido que en esta vida es necesario ir cerrando etapas. Que no se puede vivir de recuerdos y, mucho menos, en el pasado. Sin embargo, espero que todo lo que he vivido en esta última quede en mi memoria por muchos, muchos años.

Como he dicho en muchas ocasiones, soy del tipo de personas que piensa que todo ocurre por algo y que las cosas, y sobre todo las personas, llegan a nuestra vida cuando tienen que hacerlo. Pues bien, el pasado mes de abril, aparecieron en la mía un montón de adolescentes increíbles, unos compañeros de trabajo excelentes - algunos, a día de hoy, ya amigos - y un centro escolar, nada parecido a los que estaba habituada, que me han hecho recordar multitud de cosas que había olvidado.

Por eso, me permito el lujo de "aprovecharme" de este blog para darles las gracias. Gracias a todos por hacerme sentir de nuevo lo gratificante que es ser uno mismo; gracias, chicos, por demostrarme que si perdemos el miedo a salirnos de lo que se considera lo "normal", el miedo a sentirnos "distintos", seremos capaces de vivir de una manera mucho más placentera y natural. Gracias. Gracias por acompañarme en estos meses. 

Tal vez sea una profesora (¿persona?) atípica, distinta o incluso rara. No lo sé. Nunca me lo he planteado. Pero lo que sí sé es que si eso hace que reciba tanto cariño y apoyo de mis alumnos, compañeros y familias... ¡bienvenida sea la "rareza"! 

¡Mil gracias a todos!

martes, 18 de febrero de 2014

Abrir los ojos

Hace un año y pico, un alumno del que guardo un gran recuerdo me preguntó por qué me dedicaba a la enseñanza.

Por aquel entonces, yo me levantaba a las seis de la mañana para cruzarme media ciudad en transporte público y llegar al colegio a las 8.30. Las clases comenzaban a las 9.00 y hasta las siete de la tarde, como mínimo, no llegaba a mi casa, donde solía "pasar el rato" corrigiendo exámenes y preparando clases... Supongo que su pregunta era lógica. Es comprensible que, al igual que la mayoría de las personas, no lo entendiera.

Sin embargo, todo aquello merecía la pena; incluso podría decir que yo ni siquiera era consciente del esfuerzo que realizaba. Lo realmente importante era llegar al aula, cerrar la puerta, ver a mis alumnos y sentir que me encontraba en lo que verdaderamente era mi "mundo". Sí, eso es lo que he sentido en todos mis años como profesora. 

A día de hoy, después de cierto tiempo, me he sorprendido preguntándome si volvería a hacerlo y, lo realmente curioso, es que, aunque bien es cierto que no he sido capaz de responderme inmediatamente, esos buenos recuerdos, esos momentos en el aula, esos alumnos, ese disfrute explicando aquello que me gusta y compartiendo mi pasión con ellos, han pesado más que los madrugones, que los enfados que de vez en cuando pueden producir los adolescentes, que las largas reuniones de evaluación y las interminables horas delante de exámenes que, en ocasiones, llegan a exasperar...

Así que: sí. Sé que, ahora ya sin dudarlo, mi respuesta sería, una vez más, una rotunda afirmación.

Gracias, J.N., por hacerme pensar en ello... Porque, de vez en cuando, todos necesitamos que nos vuelvan a abrir los ojos.

sábado, 12 de octubre de 2013

Sin prisa

Después de un rato caminando, y ya algo irritado, el joven preguntó:

- Abuelo, ¿a ti no te molesta tener que andar tan despacio, así, con tu bastón y eso...?

- Hijo, no tengo prisa.

- Ya, vale, pero... no sé, ver que la gente pasa a tu lado, que siempre te quedas atrás, que...

- No tengo prisa.

- Sí, ya sé que no tienes prisa, pero ¿no echas de menos poder correr como cuando eras joven?, ¿no te molesta tardar diez minutos en llegar a un sitio al que podrías llegar en cinco?, ¿no te sientes mal por tener que ir siempre tan lento?...

En aquel momento, el anciano se detuvo y, tras apoyar su bastón en un banco cercano, sujetó al corpulento muchacho por los brazos diciéndole:

- Verás, creo que de esta manera lo entenderás... Tú solo cierra los ojos, respira profundamente y, cuando estés preparado, ábrelos de nuevo.

Su nieto, algo confuso, aunque ya acostumbrado a las "rarezas" de su abuelo, hizo lo que este le dijo.

- Bien - continuó el hombre -, ahora mira a tu alrededor y dime qué ves.


- Veo... Veo a una mujer joven que sonríe a un niño que lleva en un cochecito; a esa otra que corre hablando por teléfono mientras sortea a todos los peatones; veo a un hombre que la observa en el reflejo de aquel escaparate... Veo un nido de pájaros en aquel árbol; veo un balcón lleno de flores... ¡Qué fachada tan bonita!, creo que nunca había visto esa casa... - ¿Será nueva?- dijo para sí mismo - No sé, la verdad es que no tiene pinta.. - Veo... ¡Ufff, veo un montón de cosa, abuelo!

- Pues eso, cariño, solo lo verás cuando no tengas prisa.


lunes, 12 de agosto de 2013

¡Qué bello es vivir!

Hace poco más de una semana, un amigo me recordó lo maravillosa que era, y es, la película de Frank Capra Qué bello es vivir.

Hoy he vuelto a verla.

Resulta curioso cómo una película, al igual que un libro, hace que sintamos distintas emociones dependiendo de nuestra situación vital.

Pues bien, esta noche me he sorprendido con una gran sonrisa en mi rostro durante la escena final de esta obra maestra. Y lo que es mejor: he recordado que todos y cada uno de nosotros estamos en esta vida por algún motivo; realmente no me importa saber o no cuál es el mío, pero, al igual que George Bailey, mi Clarence particular me ha hecho darme cuenta de que la vida sin mí no sería igual. No sé si peor o mejor, pero sí sé que distinta.

Tal vez sea casualidad, no lo sé, pero en estos últimos días, varias personas de mi vida me han dado las gracias por haber aparecido en las suyas y, aunque suene "de cajón" me he dado cuenta de que si yo no estuviera, ellas no hubieran podido "conocer" mi compañía ni yo disfrutar de la suya.

Hoy vuelvo a entender que, aún con las cosas "menos buenas" que puedan suceder, la Vida merece la pena ser vivida.

Y con esta maravillosa sensación, con este increíble sentimiento, me embarco en los brazos de Morfeo, no sin antes pedirle a mi Clarence que me haga soñar con los angelitos...

Estoy segura de que está noche sonará alguna que otra campanilla.

martes, 6 de agosto de 2013

¿Es posible cambiar?

Siempre había pensado que la gente no cambia; sí, que podía modificar, o "pulir", alguna cosilla, pero que, en el fondo no existía esa especie de "transformación" de la que hablan algunos... 

Realmente, me hacía gracia cuando escuchaba comentarios del tipo: "No seas así, Elisa, la gente cambia..." 

Y, sin embargo ahora, después de todos estos meses que lleva el año, me doy cuenta de que la que estaba confundida era yo. 

Sí. La gente cambia. O mejor dicho, la gente es capaz de cambiar. Eso sí, con un pequeño matiz: creo que es capaz de cambiar siempre y cuando no lo haga por los demás, sino por sí misma. Porque, ¿de qué sirve tratar de modificar tu forma de ser para estar con alguien o para que otro se sienta feliz? Al final, eso es incapaz de sostenerse ya que no tiene una base lo suficientemente sólida...

Sin embargo, cuando uno decide modificar su manera de actuar, de pensar, de ver las cosas, su manera de ser, para ayudarse a sí misma, sí surte efecto. Lógicamente, no voy a negar que no es fácil, pero también sé que es posible y que, de pronto, un buen día te das cuenta de que, paso a paso, con dificultades, con alegrías, incluso con "parones", eres una persona distinta. Eres esa que te habías propuesto; esa que anhelabas ser y desechabas con la idea de que "la gente no puede cambiar"; idea, que, por otro lado, solo ocultaba un terrible miedo al proceso o, incluso, a conseguir tu propósito.

Y ese día, también comprendes que has iniciado un "camino de no retorno" y que, por ello, seguirás luchando cada día, permitiéndote tener caídas y encontrándote piedras en el recorrido, pero recordándote que eres capaz, que sigues adelante, que sigues aquí.

Y, en esos momentos, miras hacia atrás y sonríes...

miércoles, 24 de julio de 2013

El deseo de Marco

Como ya comenté en mi última entrada, Marco tenía una duda muy, pero que muy, importante: ¿cómo se cumple un deseo?

Ante tal pregunta, su madre (¡benditas madres!) le animó a hacer una "lista de deseos" que, por supuesto, estaba encabezada por aquel en el que pensaba en el coche. Ese era su deseo más importante; su DESEO con mayúsculas.

Lo más curioso, es que, sin darse cuenta, era algo que ya tenía en su interior; algo que formaba parte de él, de su personita de seis años...

Todo ello me hizo reflexionar; ¿cuántas veces nosotros mismos hemos deseado algo que ya poseíamos? Y, no, no hablo de nada material, sino de capacidades, habilidades o, incluso, emociones. ¿Cuántas veces hemos visto a otros y hemos pensado "ojalá yo tuviera su fortaleza" u "ojalá yo fuera capaz de tomarme las cosas de esa manera"? 

Pero, si nos detenemos unos minutos y miramos en nuestro interior; si echamos la vista a atrás, es muy probable que acabemos dándonos cuenta de que todo ello forma parte de nuestro ser y que, simplemente, no hemos sido conscientes de ello y, por ende, no lo hemos podido potenciar lo suficiente. Otras veces, como en el caso de Marco, es más sencillo: lo tenemos delante, lo demostramos todos los días y, sin embargo, lo desconocemos. Es entonces cuando solo necesitamos a alguien que nos diga: "tranquilo, ya lo estás haciendo. Y, además, muy bien".

Parémonos a pensar en lo que deseamos y en lo que realmente poseemos. Detengámonos unos minutos y reflexionemos sobre todos esos tesoros empolvados que tenemos en nuestro interior. Y, entonces, como Marco, podremos ver que nuestros deseos se hacen realidad.

Porque, lo creamos o no, nuestros deseos ya existen y forman parte de nosotros. Solo tenemos que buscarlos y seguir creyendo en ellos. En ellos... ¡y en nosotros mismos!

miércoles, 17 de julio de 2013

Mamá, ¿cómo se consigue un deseo?

Hace un par de horas, volviendo de una estupenda cena, mi sobrino Marco ha preguntado desde la tercera (¡y última!) fila del todoterreno en el que íbamos:

"¡Mamá!, ¿cómo se consigue un deseo?"

Aunque he permanecido callada, sabiendo que no era yo quien debía responder, solo he podido pensar:

"Creyendo en él, Marco. Y creyendo en ti".

No sé qué deseo tendrá, aunque, conociéndole, sé que será algo importante. El próximo día se lo preguntaré...

domingo, 7 de julio de 2013

Re-conocer

Miro mi imagen en el espejo y no la reconozco. Y es que, ¿cómo se puede volver a conocer algo que no has visto nunca? ¿Acaso es posible re-conocer algo nuevo?

Sí, es cierto, la imagen es la misma de siempre: pelo rizado, ojos verdes, pequeña estatura, tez algo más tostada de lo habitual por el efecto del sol...

Pero el interior ha cambiado. Ya no tiene nada que ver.

Ahora refleja fuerza y seguridad; muestra orgullo de quien es y de lo que tiene; ilusión por lo que le queda por hacer; sabiduría porque es consciente de que caerá de nuevo y volverá a levantarse... Y de todo lo que le queda por aprender y vivir.

Y me miro y no puedo evitar sonreír a aquella persona que refleja el espejo. La observo con ternura y agradecimiento por todo lo que me ha dado; por la multitud de cosas que me ha enseñado en todos estos años que hacen que hoy esté aquí y sea quien soy.

Y sé que algún día de estos - ¡Dios sabe cuándo! - volveré a mirarme en ese espejo. 

Y, entonces, me reconoceré.

Porque esa imagen ya no será la de una desconocida. 

jueves, 27 de junio de 2013

Crea un destino que puedas amar

Últimamente leo mucho un pequeño fragmento de Así habló Zaratustra que me pasó alguien muy importante para mí. 

Cuando me lo dio, me pidió que lo leyera y que en el momento en el pudiera responder se lo hiciera saber. Finalmente - creo que realmente vio que no sacaba ninguna conclusión razonable ni "adecuada" para mí - me envió la interpretación que se hacía del mismo.

El caso es que desde hace unos días no dejo de tenerlo en la cabeza; leo el texto y su interpretación. Y, luego, me quedo pensando en ello... Incluso me he sorprendido dándole vueltas mientras iba en el autobús o haciendo cualquier tarea cotidiana.

Es por eso, porque creo que, al igual que a mí, les puede servir a más personas, que he decidido copiarlo aquí:

"¿Qué ocurriría si algún día o alguna noche, un demonio llegara a ti, en lo más solitario de tu soledad, y te dijera: “deberás vivir la vida, tal como la vives, una e innumerables veces más; y no habrá nada nuevo en ella, sino que tendrás que volver a sentir cada dolor y cada gozo, cada pensamiento y cada suspiro, todo lo indescriptiblemente pequeño y grande de tu vida, todo, en la misma sucesión y secuencia, incluso esta araña, esta luz de luna entre los árboles, aun este momento y a mí mismo. El eterno reloj de arena de la existencia se da vuelta una y otra vez y tú con él ¡oh, mota de polvo!” ¿No te arrojarías acaso al suelo y rechinarías los dientes y maldecirías al demonio que así te habló? ¿O experimentarías una tremenda sensación que te llevara a responderle: “eres un dios y nunca oí cosa más divinal que ésa”? Si esta idea se apodera de ti, te cambiaría, o, quizá, te aplastaría."

Bien, ahora escucha en silencio tu elección y piensa en ello. 

El pasado no se cambia, pero el futuro está en nuestras manos; así que, ¿no merece la pena crearse uno del que luego no vayamos a arrepentirnos?

Solo piénsalo...


Gracias, M.C.

domingo, 16 de junio de 2013

De todo se aprende

Está claro que las relaciones son complicadas. Y no me refiero solo a las de parejas; no, sino a las de amistad, a las familiares... a todas aquellas en la que exista un vínculo emocional. 

Y es que bien es cierto que todos somos diferentes y que, muchas veces, nos cuesta adecuarnos o entender a la otra persona. Y llega la ruptura.

No pretendo hacer aquí un listado de motivos por los que se rompe una relación; primero, porque sería interminable; segundo, porque me parece absurdo. Sí, me recuerda un poco a cuando alguien va al médico y, tras explicarle los síntomas que padece, lo único que le importa es saber qué es lo que tiene; bien, entiendo que "ponerle un nombre"puede dar tranquilidad, pero considero que lo realmente importante es saber cómo ponerle solución a aquello que pasa. Sea lo que sea.

Pues bien, desde mi punto de vista, con las rupturas emocionales sucede un poco lo mismo; ¿acaso vamos a arreglar algo dándole vueltas y más vueltas a lo que ha sucedido? ¿No sería más efectivo pararnos a pensar las cosas buenas que hemos sacado de ello? Desde mi propia experiencia, creo que sí.

Y con ello no quiero decir que no haya que pasarlo mal; es más, creo que esos sentimientos de tristeza y dolor son sanos y "adecuados" en esas situaciones, pero también estoy convencida de que no estaría de más hacernos una serie de preguntas que nos ayudarían en el momento y, sobre todo y más importante, en un futuro.

¿Y cuáles son esas preguntas? Muy sencillo, simplemente plantéate:

1.- ¿Qué he aprendido de esta relación que me pueda ser útil para mi futuro emocional?
2.- ¿Qué he aprendido de la otra persona?
3.- ¿Qué he aprendido de mí?

Puede que en un primer momento no veas nada positivo; pero, esfuérzate un poco, solo un poquito, y verás como esas respuestas van apareciendo.

Y recuerda: en la vida, nada sucede por casualidad; solo tenemos que abrir bien los ojos, la mente y el corazón y darnos cuenta de que de todo y de todos podemos aprender un montón de cosas.

Pero la decisión es solo tuya.

viernes, 7 de junio de 2013

Sin echar la vista atrás

¿Qué meter en aquella minúscula mochila? 

No tenía muy claro qué era lo que debía acompañarle en su nueva andadura y, tal vez, aquella bolsa era demasiado pequeña...; sin embargo, cuando la vio ahí, olvidada en el fondo del armario, supo que ella debía ser su compañera de viaje.

Sin pensarlo demasiado, cogió aquel libro, su cuaderno en blanco y un lapicero e introdujo todo en la mochila de cuero desgastado.

Después, se sentó en el suelo con las piernas cruzadas y, apoyando la espalda en la pared de aquella habitación que pronto dejaría de ser suya, se permitió cerrar los ojos unos instantes, echar la cabeza hacia atrás e inhalar intensa y lentamente ese aroma que invadía su vida.

Abrió los ojos. Con decisión, se puso en pie, agarró de una sacudida la bolsa con sus futuras pertenencias y salió  la calle.

Con paso decidido comenzó a andar. 

Sin permitirse, siquiera, echar la vista atrás...

jueves, 23 de mayo de 2013

Pedir ayuda

¿Por qué nos resulta tan difícil pedir ayuda?

Supongo, que hay personas que, al hacerlo, creen que son más débiles o, incluso, se sienten vulnerables; otras, simplemente tienen miedo al rechazo, a la respuesta negativa; otros... No lo sé, me imagino que habrá multitud de razones para ello.

Sin embargo, es curioso como, una vez que lo haces, te das cuenta de que realmente lo que le estás diciendo a la otra persona no es "¡Ayúdame!, soy débil y no puedo solo", sino, más bien, algo como "Te pido ayuda porque confío en ti". Y, después, le coges el tranquillo...

Con ello no quiero decir que no debamos esforzarnos e intentar solucionar nuestros "problemas" solos, pero es importante que seamos capaces de discernir entre ese luchar por nosotros mismos y algo parecido a un orgullo solapado que nos impide mostrarnos como realmente somos: con nuestras virtudes y con nuestras carencias, como cualquier ser humano.

Y ¿cuál es el motivo de que, exactamente hoy, escriba esta entrada en mi blog? Pues no es otro más que ayer fui yo la que tuve el VALOR de pedir ayuda. Y, sí, escribo "valor" con mayúsculas porque, para mí, fue uno de los mayores logros que he hecho en los últimos meses. 

Y, ¿pasó algo? Pues sí. Pasó y mucho. Tanto que hoy soy capaz de estar redactando esta entrada en mi blog...

Fui capaz de pedir ayuda a dos desconocidos. Desconocidos que me escucharon, me ayudaron, me animaron y me hicieron darme cuenta de lo realmente necesario que es solicitar una mano cuando sientes que te falta la tuya.

Y no me siento más débil que ayer por la mañana, ni peor persona, ni menos adulta, ni nada por el estilo. Más bien, creo que siento todo lo contrario. 


viernes, 17 de mayo de 2013

Mi lista de miedos


Hace un par de meses, tuve que escribir "mi lista de miedos".

Como, después de varios años intentando comprender el complicado mundo de las emociones, he llegado a la conclusión de que, en mi caso, es esa la que siempre acaba surgiendo por encima de todas las demás, llené unas cuantas hojas encabezadas por una afirmación clara y categórica:

"Miedo a escribir mis miedos"

Pues bien, no sé por qué, el otro día la encontré y, cuando la releí, me sorprendí al comprobar que unas cuantas cosas de las que había ahí escritas ya habían sucedido. ¿Había sentido miedo?, ¿recelo, acaso? No. Ni siquiera me había dado cuenta de que habían formado parte de esos temores que, poco tiempo atrás, pensé que me paralizarían.

Hoy, he vuelto hacer la lista. Los miedos han cambiado. Y, tras leerla, he decidido romperla. Sé que con ello no van a esfumarse, pero también sé que no merece la pena "asustarse" por algo que realmente no sabes cómo te afectará cuando llegue a tu vida... Y eso, si es que llega.

Tal vez sea mejor no adelantar acontecimientos, ser precavidos y prestar atención a lo que sucede, pero nunca dejarnos paralizar por un temor que ni siquiera sabemos que existe.

Porque, como dice aquella cita: "No puedes conocer lo desconocido si te aferras a lo desconocido".

Ahí queda...

domingo, 31 de marzo de 2013

Afortunada

Hoy, me siento afortunada. No diré feliz, ni cosas de esas, pero sí: Afortunada, y, además, con mayúscula.

Y todo ha sido gracias a un gran amigo. Me ha hecho pasar una buena tarde - es de esas personas que tienen el don de alegrarte el día - y, después, cuando me he quedado sola, me he parado un momento y me he puesto a pensar en mí. 

Sí, es cierto que estos últimos meses están siendo bastante duros y, sin embargo, creo que hasta hoy no había sido consciente de lo que realmente tengo. Solo me había limitado a pensar en todo lo que había perdido, que, por otra parte, ha sido mucho. 

Y sí, me siento Afortunada. 

Tengo unos amigos maravillosos con los que tal vez no me vaya de copas, pero que siempre están ahí cuando los necesito; tengo una familia increíble que, aunque a veces alguno de sus miembros no me hable, me apoyan y me quieren incondicionalmente; tengo unos ex alumnos y ex compañeros de trabajo que todavía me echan algo de menos y se acuerdan de mí; tengo personas en la otra punta de España que me mandan mails dándome ánimos... 

Y cada mañana me puedo levantar, aunque a veces no me apetezca, y sonreír porque hace sol o renegar de la maldita lluvia que no soporto y no para de caer en esta ciudad. 

Tengo la suerte de poder ver el mar de vez en cuando; vale, no tanto como quisiera, pero algo es algo... 

Y, por supuesto, tengo toda una vida por delante que comienza ahora y que pretendo disfrutar y aprovechar. 

¿Se pueden pedir más cosas? Seguro que sí, pero no me importa. Lo que realmente importa es ser capaz de darse cuenta de todo lo que tenemos, no de todo lo que nos falta o hemos perdido. 

Y a mí me ha sucedido hoy. Creo que nunca es tarde para darse cuenta de ello.